Remontándonos en la historia, concluiremos en que la música hecha por los negros es el antecedente principal del criollismo con títulos de autores anónimos como "La moza mala", "El alcatraz", "La zamacueca", esta última criticada duramente por el costumbrista Felipe Pardo y Aliaga al encontrarla vulgar e indecente, pero que más adelante derivaría en la peruanísima marinera.
Por los años de 1830 a 1844, la sociedad peruana estaba muy atareada en resolver grandes problemas en la recién instaurada república. Eran los años difíciles de la Confederación Peruano-Boliviana. No había tiempo para danzar, por lo que, según los cronistas, el vals recién entraría a mediados de siglo, luego del gobierno del Mariscal Ramón Castilla. El vals vienés, muy de moda cuando llegó a los barrios populares limeños de la segunda mitad del siglo XIX, se convirtió en dichos lugares en valses-canción, a finales de la misma centuria. El criollo de ese entonces le volcó sus penas y alegrías, las cantaba y las bailaba. De esa forma, el valse tradicional comienza a tener arraigo popular, pues sus ideas melódicas están acordes con los sentimientos expresados en la letra.
En los albores del nuevo siglo surgen entonces nombres que harían relucir el cantar ciudadano. Aparecen Eduardo Montes y César Augusto Manrique en el distrito de los Barrios Altos; ellos son los primeros en grabar para la casa Columbia cerca de 195 discos de música peruana, todo un hito para esa época. Alejandro Ayarza "Karamanduka" y su famoso valse "La Palizada" se dan a conocer por todo Lima. Eran los tiempos en que el músico no recibía un centavo por su trabajo. "El premio mayor era la sonrisa de una zamba o saborear la presa más grande de un caldo de gallina" -como dice Manuel Acosta Ojeda.
Músicos como José Bocanegra, bandurrista y guitarrista nos legan valiosas piezas de colección para el criollismo. Otros títulos como "Idolo" de Sancho Dávila, "Capulí " de Nicanor Casas, alcanzan mucha popularidad entre el público.
Como una centella aparece en el firmamento musical don Felipe Pinglo Alva, paradigma del criollismo de todos los tiempos, con sus letras plagadas de crónicas políticas de la crisis de la época. "El plebeyo", "El huerto de mi amada",
.Al tema "La Flor de la Canela" de la limeñísima Chabuca Granda, hermosa pieza de colección que ha trascendido mundialmente, grabada en multiples idiomas por igual cantidad de artistas, se añade el gran desfile de memorables composiciones como "Madre" de Manuel Acosta Ojeda. La Limeñita y Ascoy, Jorge Huirse, Eloísa Angulo, Teresa Velásquez, Manuel "Chato" Raygada, Alicia Maguiña, Augusto Polo Campos, José Escajadillo, Luis Aberlardo Núñez, Félix Pasache, la Reina y Señora de la Canción Criolla Jesús Vásquez, conforman una gama de intérpretes y compositores que eternamente perdurarán en el sentir del pueblo. Nombres como Bartola, Lucha Reyes, Cecilia Barraza, Cecilia Bracamonte, Eva Ayllón, Andrés Soto, el guitarrista "Lucho" Gonzáles, Félix Casaverde, Susana Baca, Arturo "Zambo" Cavero, Lucía de La Cruz, Daniel "Kiri" Escobar, Julie Freundt han llevado el ritmo criollo por todo el orbe, recibiendo halagos y distinciones del público foráneo. En la actualidad, los rincones en donde se va del torbellino de la modernidad con todo su alocado devenir hacia la brisa fresca y melodiosa de antaño, y donde se canta y se baila al ritmo de guitarra y cajón, sin importar la edad y condición social, son: el centro musical "Pedro Bocanegra", "Unión", "Barrios Altos", la peña de don Abelardo Vásquez "Don Porfiro" -donde los micrófonos y parlantes han quedado de lado para dar paso al sonido natural de las gargantas de los viejos y nuevos intérpretes-, "Breña", "La Valentina de Oro", la asociación cultural "Domingo Giuffra", entre otras.
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